Llegaste de repente una tarde gris de otoño, te instalaste en mi casa sin permiso y tus canciones me dijeron: quédate tengo mucho que contarte.
El amor en tus ojos me habló de una chica sencilla, de la avalancha de emociones que pueden salir con apenas unas pocas notas de tu guitarra, y de las ganas de regresar al pueblito viejo donde aprendiste a soñar.
Lejos de aquí llegaste a tocar el cielo, y de tu mano nos llevaste sin despegarnos del suelo, sólo con escucharte viajamos por París, Calí, Milán, y al regresar en el cruce de la realidad y los sueños pensé…¿será el final?, y no, afortunadamente era el comienzo.
Las cosas en la vida, no son fáciles, y en tu caso mucho menos, conociste esa calma antes de la tormenta que adelanta un final que te niegas a aceptar pero que tarde o temprano llega, y como un náufrago te quedas sin explicación y respuestas.
El tiempo no tardó en hacer de las suyas, y otra vez se repetía la misma historia, pero tu fortaleza y todos los que estaban a tu lado formaron un gran equipo para dar pelea, y que no fueras prisionera de aquel dolor que supieron conocer tu madre, tía, y abuela.
Tu cuerpo y alma en perfecta armonía y al unísono conjugaron el verbo poder, y aunque casi se te escapa la fe, y muchas veces le preguntaste a Dios…¿en dónde estás?, nos enseñaste que a pesar de todo, siempre, siempre hay una razón para creer.
Tu amor, mi amor son el mismo: la música, y fue gracias a la música que te atreviste a soñar, expresarte, vivir, luchar, y ser porque no un alma de la calle, para poder llevar tu mensaje y misión a los que más lo necesitaban. Por todo esto y más te convertiste en un ser amado, y el mejor espejo donde mirar para no bajar los brazos.
En un segundo lento todo cambió, y eso que se creías vencido volvió para probar una vez más tu gran espíritu. Secaste tus lágrimas con la promesa de apretar los puños y pelear contra un enemigo despiadado.
Aprendiste a vivir en un mundo sin prisa, diferenciando lo genuino del oropel, disfrutando de lo sencillo, agradeciendo el poder respirar un día más, y con la esperanza encendida como la llama de una vela, esa que siempre brilló en un rinconcito de tu casa.
Seguiste llevando tu mensaje y música por muchos países, alimentándote con cada aplauso, del dulce amor, ese que le inspirabas a todos los que aprendimos a disfrutar de tu arte, y admirar mucho más que un gran artista: el ser humano.
Con las cuerdas rotas de tu guitarra compusiste tu última y gran obra, la que llegó a tocar cada fibra de los que tuvimos la suerte de leer, aprender y emocionarnos con cada línea, crecer con tu experiencia, y gracias a ella admirarte más todavía.
Porque te quiero, y extraño mucho aún me pregunto como sería si la vida te hubiera dado más tiempo, tal vez tu lucha tendría otro final, tu guitarra no extrañaría tus manos, a la música no le harían falta tus canciones, y en esta noche al momento de tocar algunos acordes no sentiría tanto tu ausencia.
A pesar de mi dolor, ese que me asalta cuando no logro entender lo injusto que es todo a veces, me basta mirar mi mesita de luz para entender que con las cuerdas rotas puede sonar la mejor melodía, y agradecer por la herencia que nos dejaste a todos: tu ejemplo.


-Soraya: su música-

-Casi/Miento-
En vivo desde Viña del mar
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