Foto tomada por mí bajo el cielo que me vio nacer



Foto tomada por mí en Solymar, un horizonte más lejano pero dentro de mi querido Uruguay

¿De dónde sacará la fuerza el ser humano para enfrentar las cosas que la vida le tiene preparada, y a veces no son tan buenas?
Me he preguntado mucho esto el año pasado, y también lo hice en mis vacaciones junto al mar, creo que es el lugar ideal para plantearse cosas, y en mi caso fue como sentir que ahí empezó el 2010 para mí. Necesitaba descansar, poner cosas en orden, sacar de la cabeza cosas que no sirven, y del corazón otras que lastimaron duro; pero como siempre digo que las cosas pasan por algo, y las que no pasan también, pensando así, viendo a mi alrededor es que me creo una persona afortunada y es ahí donde vuelvo a decir: algo bueno tuve que haber hecho para recibir tanto cariño de los que están cerca, y de alguien que está lejos físicamente pero más presente que nadie, es hoy que puedo decir sin ninguna duda que es la mejor amiga que existe en el mundo, y gracias a ella debo confesar que empecé a creer en la famosa leyenda Asiática del hilo rojo, porque es así, no sé si es la vida, el destino, Dios, pero tarde o temprano uno entiende el significado del para siempre, del voy a estar ahí, de no vas a estar sola, de todo saldrá bien, y de tantas palabras y detalles sinceros. Hoy también estoy segura de que lo que tengo es de verdad, si será autentico que lo tengo en la distancia y también cerca, porque una amiga se convirtió en hermana, una prima y mis hermanos en amigos, futuros viajes en esperanza, y ojalá que las letras hagan posible un gran sueño en realidad.
Nada es fácil, pero el vuelo sigue con un ala rota, la otra sanará con ayuda de algunos parches que mis duendes me van a regalar, no necesito nombrarlos –ellos saben el lugar que ocupan- son míos, perdonen mi egoísmo pero no los voy a prestar ni regalar, tengo algunos de color verde, y tal vez el más cercano es el que pinté de azul y lo vestí de complicidad , para que me ayude en el vuelo.
También recibí algunas señales, nada más tuve que estar atenta para descifrarlas; las estrellas, un árbol, y un abrazo me erizaron el alma. En el horizonte se dibujaron caminos, en la arena huellas, y en el aire estaba el destino, lo reconocí en el reflejo blanco de un avión.
A veces las personas tienen un problema para cada solución, pero mi padre, un hermano del alma, y un ángel con guitarra me enseñaron que en este camino todo puede ser diferente, tan sólo hay que cerrar los ojos para ver con el corazón, y con cada uno de sus latidos saber que se puede, sentirse vivo y gritar a los cuatro vientos: ¡que feliz soy!!!