Cenizas desde Chile





Fotos: Vanessa R.

A mi tierra ha llegado la ceniza del volcán que ruge en Chile, a pesar de estar lejos el viento se ha encargado en pocas horas de cambiarle el color al cielo. Salís a la calle y se respira distinto, algo se te mete dentro y no es buena la sensación que deja, junto con la brisa, las nubes se ha mezclado la ceniza, y me dan ganas de gritarle para reclamarle al viento porque nunca trajo:

Canciones.

Serenatas.

Sonrisas.

Declaraciones.

Sonidos.

Otros colores.

La necesidad y sensación de un abrazo a distancia.

El salpicar de las olas.

Aleteos de otros pájaros.

El arte de aquellos que viven en el anonimato.

La esperanza de otros para hacer más fuerte la nuestra.

La nostalgia de ellos para regresarles suspiros.

Amor sin pasaportes ni fronteras.

Notas de canciones que aún no suenan.

La presencia de un ser que marcó su gran huella en esa tierra.

Rumores de algo hermoso.

Susurros de que todo puede cambiar.

Un secreto dejando al descubierto lo que llegará.

Todo pasará para volver a empezar.

Brios de algo mejor, para querer ser mejor.

Hoy le pregunté al viento sobre algunas cosas, y sólo me respondió con cenizas.

Pequeña gran historia

Pilar un día le dijo a Azul que podía ser su mamá, tal vez Azul por atrevida, impulsiva, o cariño tomó muy en cuenta esas palabras. Conocía a Pilar desde otro plano que el común de la gente, aprendió de su ser a través de historias fascinantes, grandes verdades, y algunos raspones a causa de los tumbos que te da la vida. Azul sabía del don de gente de Pilar, y lo lindo de poder contar con ella como otra mamá.
Azul ya no es una niña pero hay cosas con las que todavía no puede, entre batallas por librar, un presente algo pesado, y un futuro incierto ahí estaba Pilar, por eso una vez Azul le habló de necesidad, seguramente confundió a Pilar, pero detrás de esa joven con algo de valentía también había un ser algo perdido, un tanto solo, y otro tanto triste.
Pilar un día le dijo a Azul que podía ser su mamá y a ella le pareció genial, una mamá que también le gustaba jugar a eso de imaginar y fantasear, una cómplice que como: amiga, tía, abuela, vecina, una extraña desconocida, o mamá era hermoso poder contar.
Pilar un día le regaló algo maravilloso, algo que sorprendió mucho a Azul, un regalo al cual se aferra cada vez que la echa de menos, la vuelve a necesitar, sabiendo que de esa manera puede encontrar a aquella mamá.


-Abba-
Canción: Chiquitita



Lejos...





Recibí golpes que no eran míos.
Le sonreí a mi peor enemigo.
Cometí errores por tratar de ser mejor.
A pesar de que no va llegar, es buena terapia para mi ansiedad sentarme y aprender a esperar.
Mi espíritu es más fuerte que mi cabeza, ojalá los pueda equilibrar, sería la gran meta como ser humano poderlo lograr.
El corazón sigue un paso más adelante que la razón, de ahí nacen mis mejores impulsos, y mis más directas palabras.
Siempre fui y me sentí más grande que la edad que tenía, respeto, escucho, aprendo cada día de la vida, y ningún perdedor/ra va a enseñarme nada, y mucho menos poder conmigo.
No suelo mirarme en el espejo, pero es lindo reconocerse igual con el paso del tiempo, no lo digo por la piel, sino por lo que hay más adentro.
Puede ser que haya perdido más de lo que gané, pero la resta me acerca a un vencedor.
Los puñales en vez de heridas, me marcaron para reconocer a los verdaderos amigos.
Si me muestran la montaña y el camino, seguro cierro los ojos para perderme buscando la cima, puede que me pierda, puede que no la encuentre, puede que nunca llegue, pero así se hace más llevadero y divertido esto que algunos llaman: el arte de estar vivo.


-Rosana Arbelo-
Con viento a favor
Álbum: a las buenas y a las malas


Lejos...





Recibí golpes que no eran míos.
Le sonreí a mi peor enemigo.
Cometí errores por tratar de ser mejor.
A pesar de que no va llegar, es buena terapia para mi ansiedad sentarme y aprender a esperar.
Mi espíritu es más fuerte que mi cabeza, ojalá los pueda equilibrar, sería la gran meta como ser humano poderlo lograr.
El corazón sigue un paso más adelante que la razón, de ahí nacen mis mejores impulsos, y mis más directas palabras.
Siempre fui y me sentí más más grande que la edad que tenía, respeto, escucho, aprendo cada día de la vida, y ningún perdedor/ra va a enseñarme nada, y mucho menos poder conmigo.
No suelo mirarme en el espejo, pero es lindo reconocerse igual con el paso del tiempo, no lo digo por la piel, sino por lo que hay más adentro.
Puede ser que haya perdido más de lo que gané, pero la resta me acerca a un vencedor.
Los puñales en vez de heridas, me marcaron para reconocer a los verdaderos amigos.
Si me muestran la montaña y el camino, seguro cierro los ojos para perderme buscando la cima, puede que me pierda, puede que no la encuentre, puede que nunca llegue, pero así se hace más llevadero y divertido esto que algunos llaman: el arte de estar vivo.


-Rosana Arbelo-
Con viento a favor
Álbum: a las buenas y a las malas


Frase

Foto: Vanessa R.

Sus alas con la ayuda del viento aún no despegan del suelo, y su ángel todavía se niega a abrirle las puertas del cielo.


Dos versiones de una canción hermosa.

Sandra Mihanovich
-Por tu ausencia-





Rosario Flores y La Mari de Chambao.
-Por tu ausencia-


Historias que aún no comienzan

El izó las velas del barquito de papel, sabe que jamás llegará mar adentro, tampoco le interesa; alguien le habló de una isla donde los náufragos encuentran respuestas, su viaje tiene como fin la botella que al destapar susurre: no soy sirena, tampoco humana, soy tan grande y tan sólo un sentimiento que espera ser descubierto.

A ella le dijeron que todo estaba al final del arco iris, hizo la maleta pero desempacó el corazón, ella está convencida que en el cofre están los sentimientos que nunca conoció, por eso su pecho va ligero de equipaje, para regresar con un motón de latidos por estrenar.



-Rosana Arbelo-


Canción: Gaviotas de cristal / Álbum: De casa a Las ventas

Las palabras

Foto: Vanessa R.


Ellas son perfectas, con sus curvas, líneas, e interminables formas. Están ahí para que alguien las destroce a fuerzas de indiferencias, para unas manos delicadas que las use, y vistan de gala una carta expresando algo tan sublime como el amor.


Están para tí, esperando que pierdas la cobardía, repares el error, y de una vez por todas pidas disculpas a esa persona que tenía razón. También están para mí, aunque a veces con mi torpeza no sepa bien que decir, o a la inversa, diga tanto en un ataque impulsivo lastimando a alguien, el tiempo será el encargado marcando mi momento exacto de pedir perdón.


Son ellas las que no te dejan dormir retumbando en tu cabeza, te roban el sueño, te sacan de la cama, te obligan a hablar, gritar, o llorar; ellas siempre ganan, dejando al descubierto lo que hay en lo profundo de tu pecho.


Están ahí haciendo pedazos a un ser víctima del odio, o aliándose a un par de ángeles rescatando al más indefenso.


Regalan esperanzas, rompen sueños. Pueden ser tan afiladas como el tirano que las pronuncia, o tan mentirosas como el Casanova que las escribe. Tan sentidas como el que reza, tan traidoras como el que se las guarda y prefiere un puñal como respuesta. Tan implacables declarando culpable a un inocente; manipulables al darle la libertad al cretino que lastimó tanto a alguien.


Muy iluminadas al inspirarle un estallido a una mirada, generosas al regalarle la posibilidad al poeta de robar los más bellos sentimientos, egoístas cuando no están para el que se muere de amor, crueles cuando se apagan y no dejan respuestas.


Portadoras de grandes tragedias cuando el planeta se queja, sanadoras cuando el que las susurra trae mensajes de paz.



Las palabras están al alcance de tus intenciones, por eso yo escribo, de vez en cuando tengo la suerte de que pasen por mi puerta y se quieran quedar, a veces me dan algo de tiempo para llegar a la creación, otras tantas se van como las golondrinas, y para poder decir tengo que esperar el cambio de estación. No me piden permiso si tienen urgencias de sensibilidad, a veces se despiden sin preguntar cual es mi necesidad.


Ven una guitarra muda, una hoja en blanco, puños bien apretados y yo no decido que hacer con esos elementos, son las palabras las que me buscan, y soy yo, la que tiene que estar atenta para salir a su encuentro.